
Los skijamas no están hechos para el duro exterior
Adaptación a la pantalla grande de la novela de William F. Nolan y George Clayton Johnson, Logan’s Run (1967). Nos encontramos en una ciudad cerrada por cúpulas y aislada del exterior en el siglo XXIII. Para mantener un control estricto sobre el número de habitantes los ciudadanos deben “renovarse” a los 30 años. Tal renovación supone de hecho convertirse en fuegos artificiales en un espectáculo llamado carrusel. Aunque no se explica del todo en la película se supone que los incautos “renovados” piensan realmente que alcanzan una nueva vida.
Evidentemente, algunos han sumado dos y dos y llegan a una conclusión distinta: que la “renovación” es una mentira y que lo único que consigues al entrar en el carrusel es una desintegración rápida. Para darle más emoción al asunto toda la gente viste de colores (amarillo, verde, rojo) según la edad y todos llevan injertada una pequeña rosa de cristál que va cambiando de color hasta que te llega la hora (se pone negra, claro). En vista de esto algunos han optado por convertirse en fugitivos y alcanzar un legendario lugar llamado Santuario donde envejecer tranquilamente.
Para controlar a estos disidentes existe el cuerpo de Vigilantes al que pertenece Logan 5 y su amigo Francis 7 (Michael York y Richard Jordan, actores que superaban ampliamente los 30, lo que explica entre otras razones que se escogiera esta edad y no 21 como en la novela). Logan disfruta con su trabajo y está conforme con el sistema hasta que le ordenan infiltrarse entre los fugitivos y descubrir el lugar llamado Santuario. Para que espabile y sea más convincente le adelantan el reloj cuatro años y lo convierten en candidato inmediato al “plan renove”. Logan, con razón, se mosquea y comienza la acción…
La película tiene un acusado tono naif y los efectos especiales son bastante cutres, las maquetas parecen maquetas y los decorados interiores parecen sacados de una urbanización de los años setenta. Mención aparte por su cutrerío merece un robot construido con papel de alumino que aparece a mitad del film. Mucho mejores los exteriores localizados en un abandonado Washington,cubierto por la vegetación. Pero el problema no son los efectos especiales ni el decorado, al fin y al cabo hablamos de una película de mediados de los setenta, sino ese tono tan naif que respira por todos sus poros y que la hace resultar bastante plana y sosota.
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