Problemas de los zombis de Hollywood

En el número de este mes de la revista Muy interesante hay un artículo sobre la viabilidad de la fisiología zombi según los cánones romerianos y partiendo de la base de que el causante es un virus. Algunos “problemillas” de los zombis serían:

No sangran. Esto supone que el corazón está parado y, por consiguiente, no hay reparto de oxígeno y comida a las células. Hay dos remedios propuestos por los zombimaníacos: que la sangre sea bombeada por los músculos esqueléticos mediante un proceso desconocido o que se ejecute a gran escala el mecanismo que alimenta la córnea del ojo. Esta se alimenta sin capilares mediante las lágrimas y el humor acuoso. Las dos propuestas son inviables desde un punto de vista científico.

Si el zombi no come va quemando sus grasas corporales y proteínas musculares para mantenerse. Esto va reduciendo paulatinamente su capacidad de moverse. Si añadimos que la casi inexistente actividad metabólica provoca la descomposición del cuerpo y lo convierte en un repugnante (y oloroso) festín para los insectos necrófagos, el zombi tiene asegurada una corta “vida”

Probablemente, los zombies no leen a Nietzsche debido a la desconexión

de su sistema nervioso central.

Más sencillo sería justificar su insensibilidad al dolor. Una descarga masiva de endomorfinas provocadas por el virus y que, de paso, justificarían un aumento de su fuerza pueden explicarlo. Por otro lado, con el sistema nervioso central hecho unos zorros tampoco es de extrañar que no les duela perder la mitad del cuerpo.

Los daños en el córtex o neocórtex explicarían la falta de conciencia y su comportamiento meramente instintivo. Al zombi le bastaría conservar en funcionamiento algunas estructuras del cerebro, para mantener la actividad motora y otras como el sistema límbico que controlan el miedo, la rabia, la agresión y otras emociones. Esto explicaría porque no se comen entre sí.

Desde un punto de vista ecológico y debido a su baja velocidad de desplazamiento, las plagas de zombis estarían autorreguladas. Expandiendose primero con rapidez para alcanzar más tarde el equilibiro para terminar por desaparecer por falta de comida. Además si matan pero no dejan parte de su víctima sin devorar (para que se puede convertir en un nuevo zombi) acaban desapareciendo al no aumentar su población.

En fin, que no son tan fieros como los pintan.

El artículo completo está en el Muy Interesante de Marzo de 2009 firmado por Miguel Ángel Sabadell.
Muy interesante.
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