Drácula. Tod Browning (1931) vs Drácula de Coppola (1992)

En 1922 Murnau hizo el primer intento extraoficial (nunca tuvo permiso de los herederos) de llevar a la pantalla grande el clásico del terror de Bram Stoker Drácula. Nosferatu, una película muda y dentro de la corriente del expresionismo alemán. La cinta, que casi despareció al decretar un juez la destrucción de todas las copias por requerimiento de la viuda de Bram Stoker es hoy en día un clásico del cine mudo.

Pero correspondería a Tod Browning el honor de llevar de forma oficial al cine la inmortal historia del vampiro transilvano. El gran acierto de Browning fue contar con el enigmático actor húngaro Béla Ferenc Dezső Blaskó, más conocido como Bela Lugosi. Fue Lugosi el que dió al más famoso de los chupasangres el carácter aristocrático y atractivo que han sido la marca del personaje desde entonces.

Mina y Drácula en las dos versiones

En esta primera versión de Drácula, Tod Browning se tomó varias licencias. El número de personajes se reduce respecto a la novela y cambian algunos de sus papeles. Así, por ejemplo, el doctor Seward es en la cinta no un amigo de, aproximadamente,  la misma edad de Mina, sino su padre y no es Jonathan Harker el atrapado en el castillo transilvano al principio de la narración sino Reinfeld. La corta duración de la película, apenas algo más de una hora, provoca una obvia condensación de la historia que termina en la propia Inglaterra y no en el castillo de Drácula como en la novela.

Aunque irregular en parte y con un guión descuidado y lastrada en su parte central por unos planos de diálogos demasiado estáticos la cinta de Browning es bastante acertada y tiene algunos buenos hallazgos visuales y, sobre todo, marca la línea a seguir en años posteriores en las siguientes producciones sobre el conde.

Tod Browning no volvió a repetir el éxito de Drácula. Su siguiente proyecto, Freaks, nunca fue entendido por las productoras de Hollywood y la carrera de Browning se desmoronó. Paradojicamente, Freaks, se ha convertido con los años en un título de culto pero, de hecho, llevó a la ruina a su director.

En 1992 Francis Ford Coppola realiza una adaptación de Drácula con la sana intención de ser lo más fiel posible al original. Para remarcar este deseo la cinta llevaría el explícito título de Drácula, de Bram Stoker. Obviamente (hablamos de Hollywood) Coppola se pasó por el forro estas intenciones. Si bien, su Drácula es formalmente el que aparentemente refleja de forma más fiel la novela original, lo cierto es que se sacó de la manga una relación romántica entre Mina y el conde que traiciona todo el espirítu de la obra de Stoker. La elección de los protagonistas, los insulsos Gary Oldman, Winona Ryder y Keanu Reeves no ayudó a mejorar la historia demasiado. Incluso Van Helsing, interpretado por el siempre eficaz Anthony Hopkins resulta un pelín demasiado histriónico.  Al contrario que el Drácula de 1931aquí no se escatimó tiempo y la cinta dura más de dos horas, del doble que la de Browning.

El aspecto visual, aunque cae en cierto exceso a veces, es reseñable por su espectacularidad y es, seguramente, lo mejor de la película.

El Drácula de Coppola es una cinta estimable y si algo se le puede achacar es convertir al vámpiro en un héroe romántico. Algo que no estaba en la mente de Stoker, pero, que por otro lado es la moda habitual en las producciones de los últimos años. Desde Entrevista con el vampiro a Crepúsculo.

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