Déjame entrar. John Ajvide Lindqvist
Literatura, Terror Junio 15th, 2009
Título: Déjame EntrarTítulo original: Låt den rätte komma in
Autor: John Ajvide Lindqvist
Género: Terror
Saga:
Año Copyright: 2004
Premios:
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Sinopsis (contraportada del libro)
Oskar, un niño solitario y triste que vive en los suburbios de Estocolmo, tiene una curiosa afición: le gusta coleccionar recortes de prensa sobre asesinatos violentos. No tiene amigos y sus compañeros de clase se mofan de él y le maltratan. Una noche conoce a Eli, su nueva vecina, una misteriosa niña que nunca tiene frío, despide un olor extraño y suele ir acompañada de un hombre de aspecto siniestro. Oskar se siente fascinado por Eli y se hacen inseparables. Al mismo tiempo, una serie de crímenes y sucesos extraños hace sospechar a la policía local de la presencia de un asesino en serie. Nada más lejos de la realidad.
Sin duda una de las más gratas sorpresas de los últimos tiempos ha sido una pequeña película sueca del director Tomas Alfredson. Esta pequeña joya, una historia de vampiros ambientada en la Suecia de principios de los ochenta revisitaba el mito vampirico desde una perspectiva fresca y original.
Alfredson trabajaba sobre terreno seguro; la novela original del mismo título Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist (Blackeberg, Suecia, 1968) es una de las mejores novelas de terror de los últimos tiempos.
Advertimos que para la mayoría de amantes de Crepúsculos y similares Déjame entrar no será plato de gusto. Nos enfrentamos a una historia oscura, sórdida y desgarradora, donde se mezclan el acoso escolar, la pedofilia y una aproximación llena de realismo social. Aquí no hay cabida para vampiros lánguidos y glamourosos que arrugan la nariz ante la sangre o, peor, ante un modelito poco conjuntado. No. En Déjame entrar volvemos al monstruo, al ser que necesita sangre para sobrevivir y que hará lo necesario para conseguirla. Y aquí está uno de los grandes logros de esta novela y es que Lindqvis logra que sintamos empatía por Eli, la niña vampiro, no porque sea una niña, no porque sea buena, no porque sea atractiva. Simplemente porque Lindqvis consigue que entendamos su soledad y sus necesidades, por terribles que sean. Eli encuentra a Oskar, el niño que jamás protagonizaría una película de Disney, victima del acoso escolar, mediocre en todo, con incontinencia urinaria, bizarras aficiones, y con una familia rota por el alcoholismo del padre. Y a pesar de que podamos sospechar que Eli solo busca en la amistad de Oskar su propia salvación al final su relación es infinitamente más honesta que la sempiterna historia de la reina del baile y el vampiro con cuerpo de modelo de Calvin Klein. El amor es egoísmo disfrazado. Al fin y al cabo ¿quién ama sin recibir nada a cambio? Los locos y los santos, quizás. Desde luego no los vampiros ni los chicos tristes, solitarios y acosados.
La ambientación de la novela también es estupenda. La utopía nórdica del estado del bienestar presenta sus sombras. Principios de los ochenta, con ecos apagados de la guerra fría en forma de submarino soviético varado en la costa. Apenas un detalle en la vida de un barrio de bloques marginal en la que gran parte de sus vecinos se entretienen bebiendo cervezas en un pequeño bar, sin más horizonte que el fondo de sus vasos. Familias desestructuradas y mucha, mucha gente sola. Y todo enmarcado en el paisaje frío y nevado de días cortos y sin sol. Lindqvist nos dibuja todo un coro de personajes casi marginales, en pleno desastre vital y sin esperanza.
Es este paisaje oscuro, deprimente y gris el que hace brotar con más fuerza toda la poesía de la novela, el brillo del amor entre Eli y Oskar. Que no es el amor puro y blanco de las novelillas románticas sino el blanco sucio de la nieve pisada mil veces, convertida en barro. Amor surgido de la más imperiosa necesidad, amor egoísta tal vez pero amor infinitamente más honrado y real.
La prosa de Lindqvist es eficaz, huye de las figuras literarias al uso y dibuja con precisión lugares y personajes. Flojea alguna vez el ritmo narrativo y se aprecia cierta irregularidad en el desarrollo de algunos personajes. En cambio algunas escenas brillan con luz propia por su contundencia. La extensión de la novela es la adecuada aunque se advierte cierta precipitación hacia el final.
En resumen, nos encontramos ante una de las mejores novelas de terror de los últimos años. Muy superior a la mayoría de los últimos best sellers del género. Lindqvist se convierte, Milenios aparte, en una de las grandes promesas del Norte con una novela sorprendente por su solidez para ser un debut.
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