La protagonista, rica heredera de un familia cuya fortuna se asienta en un complejo sistema biólogico para recuperar aguas residuales, es secuestrada por motivos, en apariencia económicos. Tras conseguir escapar de sus secuestradores, y con dudas sobre los motivos reales de su secuestro comienza una vida marginal en compañía de una hacker y prostituta que se convierte en su amante.
La novela es una mezcla entre historia políciaca con ambiente de barrios bajos y la típica novela en la que el protagonista alcanza la madurez al asumir su personalidad por encima de la educación o, mejor dicho crianza, a la que su casta familiar le ha sometido. Todo ello teñido por una muy ligera capa de ciencia ficción en forma de proyección de un futuro muy próximo (y similar) al nuestro.
Novela que, probablemente, no será del agrado de los que esperen una novela ci-fi al uso. Pués su ritmo moroso y su escaso contenido de ciencia ficción echaran atrás a mas de uno.
No es, pese a todo, una mala novela. 
Río lento ganó el premio Nébula a la mejor novela de ciencia ficción de 1996 y el premio Lambda en 1995. Este último premio se concede en EEUU a las obras literarias que tratan el tema de la homosexualidad. No quiero caer en prejuicios estúpidos sobre las tendencias sexuales de nadie, pero…
Nicola Griffith es lesbiana y, por lo que he podido leer, su primera novela Ammonite describía un planeta habitado exclusivamente por mujeres. Nos encontramos pues ante una autora que utiliza la ciencia ficción como medio combativo para reivindicar su condición sexual. O eso parece. Bien, nada que objetar. Ciertamente mientras existan prejuicios con las tendencias sexuales de los individuos serán necesarias estas reivindicaciones. El problema es que dejando de lado este espíritu reivindicativo, el planteamiento de Río Lento se resiente con este enfoque. Todas, repito, todas las protagonistas de la novela son lesbianas y esto, que en un planeta habitado por mujeres no deja de tener su lógica, en Río Lento, en cambio, te provoca una sensación de incredulidad, pues la acción se desarrolla en la Tierra y en un futuro muy cercano. Y los personajes que se encuentra la protagonista de forma casual y subrayo este último término, son lesbianas ; todas. Muy raro. A menos que la protagonista tenga algún detector de lesbianas, que al modo de los pájaros, le guíe de forma indefectible hacia las mujeres con sus mismas preferencias.
Y la novela se resiente. Y no es Río Lento una mala novela. Está escrita con sensibilidad y sin caer en el aburrimiento. Pero la pretensión de Nicola Griffith de utilizar la historia para reivindicar una elección vital, que no es el tema principal de la historia, hace que Río Lento acabe lastrada por esa sensación de incredulidad.