El australiano Greg Egan es uno de los valores más reconocidos actualmente dentro de lo que se viene a llamar ciencia ficción dura. En Ciudad Permutación nos traslada a un futuro cercano en el que la gente que se lo puede permitir se escanea el cerebro y se hace una copia, que viene a ser un trasunto informático del original que vive en una realidad virtual dentro de un ordenador, consiguiendo de esta manera cierto tipo de inmortalidad.

A esta idea de las copias se une la del Autoverso, una representación simplificada del Universo real con unas leyes físicas más sencillas. También encontraremos ideas sobre autómatas celulares e inteligencia artificial en general. Hasta aquí todo correcto, pero, agárrense que vienen las curvas, porque Ciudad Permutación cumple perfectamente con el tópico de que la literatura de ciencia ficción es una literatura de ideas.
Resulta que el protagonista de la novela, Paul Durham, descubre, tras una serie de experimentos, que es posible, gracias a una teoría que llama del Polvo, crear un universo propio para las copias y totalmente independiente del Universo real. Gracias a esto, las copias, libres de sus ataduras a los soportes físicos de los ordenadores en los que residen, serán realmente inmortales. Para hacer más completo este universo alternativo, al que llama Eliseo, solicita la ayuda de una experta en el Autoverso, María Deluca, que crea un planeta dentro del Eliseo para que desarrolle una vida alienígena. Como se ve en la novela hay tres “realidades” distintas: la real, el Eliseo y el Autoverso. Todo un follón existencialista.
Ciudad Permutación no tiene grandes alardes literarios. Está escrita correctamente y los personajes no son nada del otro mundo. Su gran fuerza reside, como he dicho, en sus ideas. La idea de las copias que podemos encontrar en otras novelas es digerible, también lo relativo a los autómatas celulares o la realidad virtual. Más problemático es aceptar la Teoría del Polvo, que además es imprescindible para la coherencia de la historia y que da la impresión de corresponder más al campo de la filosofía que al de la ciencia.
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