Cuando regresa con su hermana pequeña al pueblo de Snowfield, donde ejerce de doctora, Jenny descubre que la mayoría de los habitantes han desaparecido y otros parecen haber sido asesinados. Avisado del suceso, el Sheriff Bryce acude con un grupo de policías a investigar los hechos. Allí todos se enfrentaran a un ominosa amenaza: el antiguo enemigo. 
Así comienza una de las novelas más famosas del norteamericano Dean Koontz. Fama que en este caso, me temo, no es sinónimo de calidad pues las cualidades de Koontz como escritor son muy limitadas: a un estilo en exceso tosco y simplista une un desarrollo de personajes totalmente plano con un maniqueísmo que trasluce sin ambages las propias convicciones morales del autor. De todos modos a uno siempre le queda la duda, sobre todo en el caso de estos autores de éxito millonario, es si tales limitaciones son intrínsecas al talento del escritor o un cálculo premeditado sobre las capacidades de sus posibles lectores a la hora de abordar lecturas más complejas. Vistas algunas de las escasas florituras literarias que el amigo Koontz intenta en la novela me inclino por lo primero. Pero nunca se sabe…
Si se obvian todos estos defectos y se toma la novela como lo que realmente es, un mero producto escapista destinado a entretener sin mayores complicaciones, la cosa mejora algo. La historia puede llegar a entretener, sobre todo en su primer parte cuando todavía no se ha desvelado el misterio de el antiguo enemigo. Luego pierde bastante fuelle, aunque el ritmo no decae en toda la novela.
Resumiendo: lectura muy liviana para pasar el rato y sin temor de que nuestras neuronas sufran la más mínima fricción.