Ciudad Permutación. Greg Egan
Ciencia Ficción, Literatura Marzo 28th, 2010
El australiano Greg Egan es uno de los valores más reconocidos actualmente dentro de lo que se viene a llamar ciencia ficción dura. En Ciudad Permutación nos traslada a un futuro cercano en el que la gente que se lo puede permitir se escanea el cerebro y se hace una copia, que viene a ser un trasunto informático del original que vive en una realidad virtual dentro de un ordenador, consiguiendo de esta manera cierto tipo de inmortalidad.

A esta idea de las copias se une la del Autoverso, una representación simplificada del Universo real con unas leyes físicas más sencillas. También encontraremos ideas sobre autómatas celulares e inteligencia artificial en general. Hasta aquí todo correcto, pero, agárrense que vienen las curvas, porque Ciudad Permutación cumple perfectamente con el tópico de que la literatura de ciencia ficción es una literatura de ideas.
Resulta que el protagonista de la novela, Paul Durham, descubre, tras una serie de experimentos, que es posible, gracias a una teoría que llama del Polvo, crear un universo propio para las copias y totalmente independiente del Universo real. Gracias a esto, las copias, libres de sus ataduras a los soportes físicos de los ordenadores en los que residen, serán realmente inmortales. Para hacer más completo este universo alternativo, al que llama Eliseo, solicita la ayuda de una experta en el Autoverso, María Deluca, que crea un planeta dentro del Eliseo para que desarrolle una vida alienígena. Como se ve en la novela hay tres “realidades” distintas: la real, el Eliseo y el Autoverso. Todo un follón existencialista.
Ciudad Permutación no tiene grandes alardes literarios. Está escrita correctamente y los personajes no son nada del otro mundo. Su gran fuerza reside, como he dicho, en sus ideas. La idea de las copias que podemos encontrar en otras novelas es digerible, también lo relativo a los autómatas celulares o la realidad virtual. Más problemático es aceptar la Teoría del Polvo, que además es imprescindible para la coherencia de la historia y que da la impresión de corresponder más al campo de la filosofía que al de la ciencia.
La otra sombra de la Tierra. Robert Silverberg
Ciencia Ficción, Literatura Febrero 28th, 2010
Robert Silverberg (1935) es considerado por los aficionados a la ciencia ficción uno de los maestros del género. Autor muy prolífico que se ha adentrado en otros geńeros como la divulgación y ha colaborado con otros autores como Asimov o Harlan Hellison. Su carrera, que se extiende más de medio siglo, es inevitablemente irregular siendo la etapa de los años sesenta y setenta del pasado siglo la que quizás tenga más calidad. Sus últimas obras se centran en la serie Majipur, mezcla de ciencia ficción y fantasía.
A pesar de que Silverberg ha escrito gran cantidad de relatos, lo cierto es que en España no se ha publicado gran cosa. Entre lo publicado (aunque ya descatalogado) está este volumen de Superficción de Martinez Roca que incluye nueve historias escritas entre 1957 y 1971. Estas son:

-
Algo salvaje anda suelto (1971)
-
Ver al hombre invisible (1963)
-
Ismael enamorado (1970)
-
El día en que desapareció el pasado (1969)
-
Hacia la estrella oscura (1968)
-
Los colmillos de los árboles (1968)
-
El poder oculto (1957)
-
La canción que cantó el zombie (1970)
-
Moscas (1967)
Las más interesantes son Ver al hombre invisible, relato que nos muestra una sociedad que castiga algunas infracciones con el más brutal ostracismo; El día que desapareció el pasado en las que nos cuentan como un ataque terrorista que contamina el agua de Los Ángeles deja a la población amnésica; y Moscas, este último relato fue la “visión peligrosa” de Silverberg que Harlan Hellison incluyó en su famosa antología. El resto tienen un nivel aceptable, excepto Hacia la estrella oscura, que, francamente, es un pestiño. Pero, en fin, nadie es perfecto.
Picnic junto al camino. Arkadi y Boris Strugatski
Ciencia Ficción, Literatura Febrero 20th, 2010
Picnic junto al camino o Picnic extraterrestre (1972) es, quizás, la obra más importante o al menos más famosa de los hermanos Strugatski. Arkadi y Boris Strugatski, filólogo el primero y astrónomo el segundo, son los escritores de ciencia ficción más importantes de la antigua Unión Soviética. Escribieron sus obras juntos en una feliz unión fraterno-literario.
El punto de arranque de Picnic junto al camino es el siguiente: unos visitantes extraterrestres han visitado la Tierra durante un breve lapso de tiempo, a su partida dejan abandonados un montón de artefactos de cualidades casi mágicas (para la limitada comprensión de la ciencia terrestre) en varias zonas de la Tierra. La de la novela, denominada simplemente la Zona, está en Canadá.
La pega es que la Zona es un lugar potencialmente mortal para el que se adentra en ella debido a que se producen fenómenos tan letales como impredecibles. Para recuperar los artefactos y hacer dinero con su venta se adentran de forma ilegal en la Zona los “stalkers”. El protagonista de la novela es uno de estos merodeadores.
La ciencia ficción que se desarrolló en los países del Este, en la época de la Unión Soviética, es muy distinta de la occidental y por eso las obras de sus autores se prestan a lecturas a varios niveles. En Picnic junto al camino hay crítica social solapada: las personas que viven junto a la Zona son vigiladas y sus movimientos controlados y hay una fuerte presencia policial (en teoría para evitar a los merodeadores, pero también para controlar las posibles mutaciones que la Zona provoca). El clima social en el que se mueve el protagonista es marginal, su subsistencia precaria y abandonados a suerte por sus gobernantes.
Pero, realmente, el núcleo de la historia es de índole más filosófico: la impotencia de la ciencia y la tecnología para abordar un suceso como el de la Zona. En este sentido la novela de los hermanos Strugatski es deudora de obras como Solaris de Stanislaw Lem, otro escritor del Este.
Stalker: La película
La versión cinematográfica de la novela merece mención aparte. Stalker realizada en 1979 por Andrei Tarkovski, con guión conjunto de los hermanos Strugatski y el propio Tarkovski. El guión de la película se centra en una sola misión en la que el stalker guía a dos hombres en la Zona buscando una habitación que concede todos los deseos. Quien conozca la obra de Andrei Tarkovski no se extrañará de que su propia personalidad impregne de tal modo la cinta que, pese a la participación de los Strugatski en el guión, el resultado es algo totalmente distinto a la novela. Tarkovski, genio reconocido del cine, despierta por igual odios y pasiones. Donde algunos alcanzan el éxtasis con sus imágenes otros solo consiguen una sucesión constante de bostezos. Lo mejor es que cada uno saque sus propias conclusiones viendo la película.

El día de los trífidos. John Wyndham.
Ciencia Ficción, Literatura Febrero 4th, 2010
Este es uno de los clásicos de la literatura de ciencia ficción. El día de los trífidos (1951) nos relata el final de nuestra civilización por una desdichada coincidencia entre dos acontecimientos distintos: una extraña serie de luces en el cielo que dejan ciegos a todos los que las miran y una agresiva planta andarina, el trífido. Ni la procedencia de las luces, ni la de las plantas queda demasiado clara en la novela, pero no son más que las excusas para presentarnos una sociedad postapocalíptica.
Lo más interesante es, pues, como se organizan los supervivientes en esta nueva situación. Los que por un motivo u otro no vieron las luces y siguen viendo, como el protagonista, y los ciegos que dependerán de ellos.
Como suele pasar en este tipo de situaciones, en seguida se formaran grupos que van desde los que de buena fe intentan reconstruir la sociedad según los viejos valores, los que conscientes de que ello ya no es posible buscan nuevas soluciones, hasta los que se comportan como auténticos depredadores con el resto de los supervivientes. En este sentido la postura de Wyndham parece decantarse por un pragmatismo muy británico. Muy británica es también cierta ironía del autor al tratar temas como el mercantilismo egoísta (que ha llevado a que los trífidos sean omnipresentes en la Tierra, ya que, a pesar de su peligrosidad, se explotaban como fuente de aceite) o las constantes esperanzas que algunos ingenuos supervivientes depositan en los americanos: “a ellos no puede haberles pasado esto” Otro acierto de la historia es el de haber dado el protagonismo a un personaje inteligente pero ciertamente lejos de ser heroico.
Por cierto, el que haya leído Ensayo sobre la ceguera de José Saramago se dará cuenta de que el argumento es muy similar. Hay que decir que la historia de Wyndham es mucho menos melancólica y sórdida que la del premio Nobel portugués.
Su valor como clásico de la ciencia ficción hace de El día de los trífidos una de las lecturas obligadas para los aficionados al género, sobre todo aquellos que disfruten con las historias postapocalípticas y sus poco más de trescientas páginas se leen en un suspiro.
Para los perezosos tenemos alguna versión en pantalla: La semilla del espacio (The Day Of The Triffids) de 1962, una versión en forma de serie de TV para la BBC en 1981 y otro más también para la BBC en 2009. Sobre la calidad de estas adaptaciones no puedo opinar.

Nosotros. Yevgeni Zamiatin
Ciencia Ficción, Literatura Diciembre 17th, 2009
La novela del ruso Zamiatin, Nosotros (1921) , se encuadra dentro de ese subgénero que se ha denominado distopía y que dio en el siglo un puñado de excelentes novelas como 1984 de Orwell, Un mundo feliz de Huxley o Fahrenheit 451 de Bradbury. La del ruso Zamiatin es, quizás, la menos conocida.
En Nosotros se nos presenta una sociedad totalitaria que vive encerrada en cúpulas de cristal y cuya individualidad ha sido totalmente anulada. Incluso hasta el punto que los ciudadanos se denominan números y como tales reciben sus nombres. Su día a día está programado al minuto y viven en casas con paredes de vidrio para suprimir cualquier intimidad. El protagonista D-503 es un matemático que trabaja en la construcción de una nave espacial que servirá para exportar las “excelencias” del estado único a otros mundos. Pero, en esto, conoce a una muchacha llamada I-330 que le hará replantearse las bondades del Estado Único y de su líder “el Bienhechor”.
A más de uno le sonará esto. Ciertamente, 1984 de George Orwell tiene un argumento muy similar, incluso hay detalles que casi hacen sospechar de un posible plagio. Ambas, además, son críticas al régimen bolchevique ruso, que Zamiatin sufrió en persona y Orwell de forma indirecta en España al ser miembro del represaliado POUM.
Pero, en mi opinión, más allá de sus derivadas políticas, la novela de Orwell es superior. Nosotros, escrita en forma de diario íntimo es menos poderosa en su crítica que 1984, a pesar de que el estado totalitario que muestra sea incluso peor que el de Orwell. Pero la frialdad del mundo de cristal del Estado Único de Nosotros se transmite a la novela. En cambio, el mundo de 1984 por ser más cercano al nuestro, salpicado de hambre, suciedad y guerra es más real y aterrador, más posible. Ambas novelas coinciden, eso si, en el pesimismo. Por terminar la comparación diré que pienso que Nosotros es bastante más aburrida que 1984.