Drácula de Bram Stoker

Literatura, Terror Febrero 28th, 2009

No se puede decir que Bram Stoker sea escritor de una sola novela. Durante su vida, gozó de cierto éxito con sus obras. Pero es evidente que al paso del tiempo solo ha sobrevivido la más famosa de sus creaciones: Drácula. No tanto por sus virtudes literarias (la novela peca en ocasiones de cierto lastre en su prosa decimonónica) sino por la fuerza del personaje que crea Stoker y que se instala desde entonces y hasta la actualidad como el canon del vampiro moderno.

No fue, desde luego, Stoker el primero en pasar por el tamiz de la literatura el mito del no muerto, del Nosferatu, un mito casi tan antiguo como la humanidad. Polidori, el amigo de Byron, que en aquella famosa reunión en Suiza pergeñó su El vampiro al mismo tiempo que Mary Shelley creaba a Frankenstein, fue un ilustre predecesor en el camino hacia el vampiro moderno. Pero fue Stoker el que sistematizó las características y ayudado por las multiples revisiones del mito, sobre todo en el cine, fijó en la conciencia colectiva la figura del vampiro.

Drácula es poderoso, capaz de transformarse en animal y de hipnotizar a sus víctimas con ese extraño atractivo que proviene de la fascinación que ejerce el lado oscuro incluso sobre las almas más puras. Hay que anotar que Drácula no es físicamente atractivo, a diferencia de las pastelosas encarnaciones de los Brad Pitt de turno, ni hay amor en sus sangrientas libaciones. No al menos, el amor romántico que impregna muchas de las versiones cinematográficas. Drácula, por otro lado, es vulnerable. Es un ser nocturno y le debilita (que no mata) la luz del sol, evita el ajo, las ramas de rosal silvestre (esta no es tan conocida) y, por supuesto, los instrumentos religiosos, como cruces u hostias. Todas estas características que nos son familiares ya las expone Stoker en su novela.

También la figura del cazavampiros, Van Helsing, queda definida en esta novela de forma magistral. Inteligente, excéntrico y con un punto de fanatismo que le puede convertir en despiadado. Un personaje al que se ajusta como un guante la cita de Nietzsche: “el que lucha contra los monstruos debería procurar no convertirse él en un mostruo en el proceso“. Una ambiguedad que hace del cazador de vampiros un personaje con un poderoso atractivo.

Finalmente hay que decir que pese a su título y a la innegable importancia del personaje del conde, toda la novela gravita en torno a Mina. El objeto del deseo de Drácula, si, pero también el centro, como un luminoso sol, del grupo de hombres, su marido Jonathan, Van Helsing, el doctor Seward, lord Godalming, el tejano Morris e incluso el lunático Reinfield. Toda una constelación masculina luchando por el alma de una mujer y que dan a la novela pie para multiples lecturas más allá del mito vampírico.

En fin, más allá de sus cualidades literarias, Drácula es, con toda razón, un clásico de la literatura por la fuerza de sus personajes que sobrevivirán en el imaginario colectivo durante mucho tiempo.

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