La carretera. Cormac McCarthy

Ciencia Ficción, Literatura Julio 12th, 2008

Sucede (al menos a mi, de esquiva memoria) que el amontonamiento de libros en la pila para leer borra muchas veces las referencias que uno tuvo en su momento para adquirir tal o cual novela. Las más de las veces, y como uno no es comprador habitual de novedades cobijadas bajo el manto del marketing editorial, me guío por las recomendaciones de gente a la que respeto (al menos en sus gustos lectores), siendo, por supuesto, Internet y los foros literarios una de esas fuentes de opiniones contrastables. Supongo que en el caso del libro que nos ocupa el nombre de Cormac McCarthy debió aparecer en alguna crítica sobre la película No es país para viejos, basada en el libro de este novelista norteamericano. Una loa de Javier Marías sobre este escritor, merecedor a su parecer del Nobel y unas cuantas críticas entusiastas en Internet hicieron el resto. Añadamos que este libro en concreto, La carretera, toca la temática de este blog y tenemos una compra asegurada. La carretera, premio Pulitzer 2007, toca un tema mil veces tratado: un apocalipsis, tal vez nuclear, esto no se explica nunca en la novela, ha convertido la Tierra en un páramo gris, sin vegetación ni fauna. Los escasos humanos supervivientes, sin más comida que los escasos restos de conservas que quedan en las casas abandonadas, luchan por sobrevivir a cualquier precio. Eso incluye el canibalismo. En este paisaje lleno de la ceniza de los incendios, desolado y frío, un padre y su pequeño hijo (de los cuales tampoco sabremos los nombres) se dirigen hacia la costa siguiendo una carretera. Acompañados por el hambre, el frío y el temor a los escasos nómadas que viajan a su vez por la carretera y que constituyen siempre un peligro potencial. Quien espere en esta novela algo parecido a Mad Max, no lo encontrará. La historia no tiene ni un ápice de épica y si en cambio la desazón y la tristeza de viajar por un mundo irrecuperable con dos protagonistas que están siempre a dos días de morir de inanición. Los diálogos desnudos del padre y del hijo en este viaje sin esperanza constituyen el núcleo de la novela. Es sobre todo la actitud del pequeño lo que nos sorprenderá. Nunca ha conocido otra cosa que ese mundo desolado y frío, el hambre y el miedo continuo. Y, sin embargo, conserva un sentido claro del bien y del mal y, sobre todo, una enorme compasión en un mundo en el que esta parece haber desaparecido. Su padre, en cambio, que solo se mueve ya por el deseo de asegurar la supervivencia de su hijo un día más se ha visto obligado a perder cualquier compasión. Es este el único resquicio de luz que McCarthy se permite en esta historia. La ingenuidad, la inocencia y la bondad, guardados como en un relicario en este niño. La novela es breve, y el estilo de McCarthy, sobre todo en los diálogos, breve y descarnado; las descripciones austeras acompañan este ambiente gris ceniciento del mundo.Aunque de cuando en cuando se permite algún lujo literario más exuberante.No me resisto a poner un de estos fragmentos: Una vez hubo truchas e los arroyos de la montaña, Podías verlas en la corriente ambarina allí donde los bordes blancos de sus aletas se agitaban suavemente en el agua. Olían a musgo en las manos. Se retorcían, bruñidas y musculosas. En sus lomos había dibujos vermiformes que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosas que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo. En las profundas cañadas donde vivían todo era más viejo que el hombre y murmuraba misterio.

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