El invencible. Stanislaw Lem
Ciencia Ficción, Literatura Mayo 25th, 2009
El Invencible es un poderoso crucero estelar que aterriza en el planeta Regis III para rescatar a su nave gemela, El Condor, perdida en ese mismo planeta. Lo que comienza como una rutinaria misión de rescate se convierte en una pesadilla para la tripulación del Invencible cuando deben enfrentarse a la forma de vida dominante del planeta. Una evolución inorgánica de antiguos autómatas, nubes negras formadas por míriadas de cristales que forma una entidad única al juntarse.
La nube negra, aparentemente ciega en sus objetivos más allá de su propia supervivencia va eliminando a los tripulantes del Invencible por el terrible método de someter sus cerebros a un campo magnético que no los mata pero que los convierte prácticamente en zombies amnesicos. ¿Una metáfora sobre la situación de Polonia tras el Telón de Acero en 1964, año en el que se escribió la novela.?
Como sucede en Solaris los hombres se enfrentan a una amenaza totalmente ajena a su propia humanidad y con la cual no es posible el diálogo ni la comprensión. Como dice en la propia novela:
Conquistar el espacio, si, ¿por qué no? Mas no atacar lo que ya tiene existencia propia, aquello que en el transcurso de millon de años ha creado su propio equilibrio, que no es tributario de nada ni de nadie, excepto de las fuerzas de la radiación y de la materia.
Asistiremos tambien al enfrentamiento solapado entre el protagonista principal de la novela Rohan con su comandante Horpach. Este último representa la inflexible llamada del deber y la experiencia, el astronauta, como se le llama repetidas veces en la novela. Rohan es, en cambio, la duda, el hombre que se cuestiona la misión y que parece comprender antes que nadie la imposibilidad de exito frente a un enemigo de semejante calibre. De lo mejor de la novela es el capítulo La conversación en la que el taciturno y aparentemente frío Horpach desarma dialecticamente a Rohan sin apenas palabras:
Todos los argumentos que de buena gana hubiera arrojado a la cara del astronauta, esos argumentos que como un edificio perfectamente cimentado elaborara en largas meditaciones nocturnas, se habían desvanecido del todo.
Rohan se enfrentara finalmente en un duelo solitario, épico y, a la postre, inútil con el verdadero dueño de Regis III para comprender que es esa nube negra y aparentemente caótica formada por millones de cristales sin conciencia la verdadera Invencible de la novela.

